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15 mayo 2026

¿Por qué a veces sentimos que somos personas distintas en diferentes idiomas?

Si hablas más de un idioma, probablemente hayas vivido esta sensación en algún momento.

Te sientes más cercano, más divertido o más espontáneo en un idioma.
Más serio o más reservado en otro.
Más expresivo emocionalmente con ciertas personas.
O simplemente más agotado mentalmente en contextos profesionales.

Algunas personas incluso describen la sensación de ser una versión ligeramente distinta de sí mismas dependiendo del idioma que estén hablando.

Curiosamente, esta experiencia es mucho más común de lo que muchas personas imaginan.

La investigación sobre bilingüismo y psicología ha explorado cómo el idioma puede influir en la expresión emocional, la percepción de uno mismo e incluso en ciertos aspectos de la personalidad que mostramos a los demás. Algunos estudios han observado que las personas multilingües suelen experimentar cambios en la confianza, la intensidad emocional y el estilo de comunicación al cambiar de idioma.

Pero creo que esto se vuelve especialmente evidente en entornos profesionales.

Muchas personas muy preparadas, que técnicamente hablan un inglés excelente, siguen describiendo experiencias como:

Y en muchos casos, esto tiene muy poco que ver con la inteligencia o con el nivel real de inglés.

A menudo, tiene más que ver con la autoobservación constante.

Cuando las personas se comunican en un segundo idioma, especialmente en contextos profesionales de alta presión, pueden volverse extremadamente conscientes de los errores, la pronunciación, la gramática, el vocabulario y de cómo están siendo percibidas.

Esa supervisión interna constante puede cambiar sutilmente la forma en que alguien se expresa.

En lugar de hablar de forma natural, empiezan a controlarse a sí mismas.

Los investigadores que estudian la identidad bilingüe y el procesamiento emocional han observado que los distintos idiomas pueden estar asociados a experiencias emocionales muy diferentes, dependiendo de cuándo se aprendió el idioma, los contextos en los que se utilizó, el entorno cultural y las experiencias emocionales vinculadas a él.

Por ejemplo, muchas personas multilingües describen su lengua materna como emocionalmente más intensa, mientras que un idioma aprendido más tarde puede sentirse más distante o más controlado emocionalmente.

Pero la relación entre el idioma y la identidad no siempre es negativa o limitante.

Para algunas personas, un segundo idioma puede incluso permitir que ciertas partes de su personalidad emerjan con más facilidad. Alguien puede sentirse más seguro en inglés, más cercano en español, más expresivo emocionalmente en portugués, más directo en un segundo idioma o más libre de ciertas expectativas sociales asociadas a su lengua materna.

Algunos investigadores sugieren que esto puede deberse a que los distintos idiomas generan diferentes distancias emocionales, asociaciones sociales y formas de relacionarnos con nosotros mismos.

Para algunas personas multilingües, un segundo idioma puede resultar liberador precisamente porque crea un poco más de espacio psicológico, menos presión, menos carga emocional y, en ocasiones, menos miedo al juicio de los demás.

En algunos casos, las personas incluso afirman sentirse más auténticas en su segundo idioma porque les permite expresar partes de sí mismas que se sentían más restringidas en el primero.

Esto no significa necesariamente que las personas tengan “múltiples personalidades”.

Puede simplemente reflejar hasta qué punto el idioma está conectado con la identidad, la cultura, la memoria emocional, las expectativas sociales, la confianza y la autoexpresión.

Creo que esta es una de las razones por las que el coaching en comunicación no puede centrarse únicamente en el vocabulario y la gramática.

A veces, el verdadero desafío no es:

«¿Cómo puedo mejorar mi inglés?»

sino:

«¿Cómo puedo sentirme más yo mismo al hablar inglés?»

Y esa es una pregunta muy distinta.

Y, curiosamente, para algunas personas, sentirse más cómodas en otro idioma no consiste solo en recuperar partes de sí mismas que se sienten inhibidas.

También puede implicar descubrir partes de sí mismas a las que les resulta más fácil acceder en ese idioma.

Por mi experiencia, muchas personas ya saben más inglés del que se permiten utilizar de forma natural.

A menudo, el problema no es la falta de capacidad, sino la presión que se imponen a sí mismas al hablar.

Irónicamente, las personas suelen sonar más claras, cercanas y seguras cuando dejan de esforzarse tanto por sonar perfectas.

Cuando reducen la autoobservación constante, toleran mejor la imperfección y permiten que aflore más de su verdadera personalidad, su comunicación suele cambiar de forma significativa.

No porque de repente se vuelvan fluidas de la noche a la mañana, sino porque empiezan a estar más presentes.

Para mí, esta es una de las intersecciones más interesantes entre el lenguaje y la psicología: la idea de que la comunicación no tiene que ver solo con la corrección, sino también con la identidad, la seguridad emocional y la autoexpresión.

Y quizá sentirse más seguro en otro idioma no siempre consiste en convertirse en una persona diferente.

A veces, consiste en sentirse menos desconectado de quien ya eres, o en descubrir partes de ti que resultan más fáciles de expresar en otro idioma.

Lecturas recomendadas

  • Dewaele, J.-M. & Pavlenko, A. (2001). Web questionnaire study of bilingualism, emotions and personality. University of London.
  • Grosjean, F. (2010). Bilingual: Life and Reality. Harvard University Press.
  • Pavlenko, A. (2005). Emotions and Multilingualism. Cambridge University Press.
  • Ramirez-Esparza, N. et al. (2006). Do bilinguals have two personalities? A special case of cultural frame switching. Journal of Research in Personality.
  • Wilson, R. (2013). Another Language is Another Soul: Individual Differences in the Presentation of Self in a Foreign Language. Multilingual Matters.